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Patricia

El caso de mi hijo Patricia

Mi hija fue a sala de dos y tres años a un jardín privado. En sala de cuatro fue nuestro primer encuentro con la educación pública. En el jardín que nos correspondía por zona (el jardín al que yo fui y al que casi todos fueron). Comenzaron a dar lugar a gente amiga o adinerada de otros barrios lo que generó que no hubiese lugar en sala de cuatro para mi hija.

 

Para “salvar” la situación abrieron una sala de cuatro años a la mañana en lo que era el depósito, con rejuntes de otras salas y un calefactor gigante que los nenes debían esquivar. Mi hija no quería ir, imagínense a las 8am una niña de cuatro años, generalmente van de tarde para adaptarse. Ese año lo perdió porque lloraba mucho y no quería ir de ninguna manera. Sala de cinco mismo jardín, relativamente normal.

Primer grado y segundo en una escuela publica mismo barrio. En primer grado no podía reconocer las letras, le costaba la fl, pl, daba vuelta los números, confundía 8 y 9. Pasó a segundo y no lograba leer, seguía dando vuelta números y palabras. La llevé a una fonoaudióloga y me explica que es disléxica.

 

Lo planteo en el colegio y no me dan bolilla por ningún lado. Pasa a tercero de primario y yo exijo que repita por consejo de la psicopedagoga. Busqué otro colegio y tampoco le permitieron comenzar en segundo, inclusive me visitaron de la dirección de escuelas con un oficial exigiéndome que no continúe “saboteando a la niña” pidiendo que repita de año, alegando que le cortaba su libertad de aprender.

 

De todas formas la cambié de colegio a uno privado en donde por el nivel que ella tenía le permitieron repetir y continuó ahí hasta que comenzó la secundaria. En ese periodo logró realmente APRENDER y COMPRENDER. Nuevamente buscamos un colegio cercano a casa. El primer año acá en Chubut nos tocó paro y paro. Entonces sólo tenían trabajos prácticos, docentes que no iban o que cambiaban. Para una nena como ella, que un simple cambio le desestructura todo, fue lo peor del mundo. Siempre la ayudamos en cuanto a buscarle apoyo de todo tipo para que se sacara sus dudas.

 

El segundo año fue similar, con la diferencia de que ese año sufrió violencia de parte de unas chicas. La escuela cumplía años ese día y todos los docentes (los que iban) se fueron antes. La vicedirectora se quedó un rato más, los chicos salieron y estas chicas buscaron a mi hija y le quisieron pegar, ella se asustó y fue a decirle a la vice quien le respondió: “Mira, tengo que ir a buscar a mi hijo, salí por el otro lado”.

 

Estas chicas, al ver que mi hija se escondió en el colegio, se enfurecieron y la esperaron en el estacionamiento escondidas detrás de un auto. Entre tres y una filmando, la patearon entera. Desde ese momento el colegio empezó a perseguir a mi hija sistemáticamente, la directora nunca me quiso atender. Nunca dio informe de lo qué pasó, la puso en tercer año como un trato especial pero nunca lo informó. Yo nunca firmé ni logré hablar con alguien. De ahí a la pandemia. Mi hija odia la escuela.